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INICIO: ABRIL 2010. Esta historia que ahora empieza, da comienzo hace 25 años atras. Corre el año 1985, en Santa Rosa del Puerto, una lejana provincia de hombres y mujeres dedicados al trabajo del campo, a la ganadería y al amor de su pueblo, donde el calor no nada más es temporal, si no un estilo de vida, pues en sí la tierra es caliente, arde y quema, situada entre ríos que desembocan al mar azúl, a la colorida selva de flores hermosas como sus mujeres y especies animales infinitas y sin descripción alguna. Y es en ese pequeño pueblo lleno de sensualidad, situado en algún lugar remoto de la costa mexicana, donde la hacienda El Calvario, de la familia Madrigal, pesa por su imponente lucidez en la industria ganadera de todo el país, industria por el cuál se ha formado todo un emporio de riquezas inigualables en toda la región. Lugar caliente, salado, de hombres y mujeres de trabajo y con inimaginables riquezas naturales; Y es en ese mismo lejano pueblo donde vive Isabela Durán, una linda y tímida muchacha solitaria y de sentimientos nobles, que aun no acaba de llegar a la mayoría de edad y adora pasearse por la playa día a día, hasta bañarse en ella al saberse sola, olvidándose de su timidez. Y justo en uno de esos paseos, en el momento en el que se está bañando bajo el agua salada del azulado mar, que  es sorprendida por Prudencia, su sirvienta de 13 años, quién le avisa que está por caer la noche y en casa la aguardan sus padres: Evaristo y Mariela, quienes recibirán la visita de los Madrigal. Apresurada, Isabela corre por la playa, dirigiéndose a casa, feliz, pues esa noche será pedida para convertirse en la futura esposa de Eugenio Madrigal.

 

En la hacienda "El calvario" Jerónimo y Dinora, grandes compañeros y esposos, reciben con júbilo a su hijo Leonel, quién ha regresado del extranjero tras culminar sus estudios de veterinaria y quien ama a su tierra y hacienda por sobre todas las cosas. El muchacho es abrazado por Eugenio, su hermano y mejor amigo, quien se alegra de tenerlo en casa y le cuenta la ansiedad que siente por casarse con Isabela Durán, a quien Leonel no ve desde que eran casi unos niños.

 

Isabela llega a casa y tanto Mariela, su madre, como Evaristo, su padre, le reprochan el pasar demasiado tiempo en la playa en vez de estar presente cuando su prometido la visitará. Isabela se arregla rápidamente y se presenta ante los hermanos Madrigal, sorprendiéndose ante la atractiva e imponente presencia de Leonel, quién también se impacta al verla.

 

Muy lejos de ahí se encuentra “La luciérnaga”, un cabaret atendido por Rosario Guzmán, conocida en el pueblo como La faraona, quien canta para los hombres y tras terminar se sorprende al enterarse que un hijo de Dinora se casará con la hija de Evaristo Durán. La cabaretera no se sorprende por la noticia, asegurando que a todos los que obran mal siempre les va bien.

 

La mano de Isabela ha sido concedida y Eugenio le entrega el anillo de compromiso. Todos festejan el que por fin se haya fijado una fecha para la boda, la cuál se celebrará apenas Eugenio termine la maestría y regrese a El Calvario para hacerse cargo de la administración de la hacienda. Esa noticia no le sienta bien a Evaristo, actual administrador de dicho lugar, por lo que habla de negocios con Jerónimo, dueño absoluto de la hacienda, a quien le pregunta qué hará sin su trabajo. Jerónimo, recto y severo, le asegura a su amigo que el hecho de que sus hijos se hayan comprometido no significa que no le cobre la enorme deuda que tiene con él. Evaristo le pide tiempo a Jerónimo, pero éste solamente desea las tierras que Evaristo posee y que colindan con las suyas aunque Evaristo se niega a entregárselas, pidiéndole que deje de cobrarle los intereses de lo que le adeuda mas Jerónimo considera que en los asuntos de deudas, nadie es amigo, por lo que se niega rotundamente a dejar de generar intereses en la deuda de su futuro consuegro.

 

Mariela pregunta a Leonel por una vieja novia: Haydee, quién se rumora ha quedado huérfana y millonaria, y, obviamente, esperando por él, para casarse. Leonel asegura que primero desea ejercer profesionalmente, antes de dar un paso importante, como lo es el matrimonio. Mónica está segura de que Haydee es la mejor muchacha con quien Leonel pueda casarse.

 

En el jardín de la casa, Eugenio besa apasionadamente a Isabela, quien le pide que no se apresure y espere a que se casen. Eugenio estalla y le asegura estar harto de esperar y que si se ha hecho la fiesta de compromiso es precisamente para que ella le entregue su amor. Eugenio trata de obligar a Isabela pero son sorprendidos por Leonel, quien le avisa a su hermano que es hora de partir a casa. AL marcharse Eugenio, Leonel le pregunta a Isabela si se encuentra bien. Isabela asegura que a veces duda si en verdad desea casarse con Eugenio y Leonel le aconseja que no haga nada en contra de su voluntad y que, si necesita de alguien, cuente con él.

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Evaristo confía en que cuando su hija esté casada con Eugenio, sus deudas se terminarán. Mariela le aconseja que no se fíe, pues Jerónimo es un hombre difícil. Evaristo confiesa estar sorprendido por la belleza de Dinora y Mariela, sarcástica, le asegura que la belleza de la mujer jamás borrará su pasado como cabaretera,

 

En las afueras de  La luciérnaga, una muchacha llora, desconsolada, asegurando no tener a donde ir tras morir sus padres en el incendio de unos cañaverales. Se llama Priscila. La faraona le ofrece su casa y  promete que la ayudará ahora que ha quedado sola y desamparada.

 

En la hacienda, Eugenio, furioso, le asegura a su made estar harto de la antipatía de Isabela, la cuál se comporta tímida cuando está con él. Dinora le pide a su hijo que le de tiempo a la muchacha, pues ella debe acostumbrarse a que pasen más tiempos juntos, a sus caricias, pues Mariela y Evaristo la han educado como a una monja puritana, pero en el fondo quizás sea una buena amante.

 

Isabela confiesa a Mariela, su madre, no estar segura de querer casarse con Eugenio, el cuál a veces se comporta violento con ella, aunque solo sea verbalmente. Isabela asegura tenerle miedo por lo que considera que es mejor no casarse. Evaristo las sorprende y le asegura a su hija que se casará aunque no quiera, pues de ese matrimonio depende su futuro.

 

Dinora es visitada por su vieja amiga Antulia, quien le reprocha el no haberla invitado a la reunión por el compromiso de Eugenio e Isabela. Tras Antulia llega Haydee, quien sorprende a Leonel en el jardín. Ambos se besan y Haydee le pregunta cuando la invitará al extranjero. Leonel le recuerda que ha terminado sus estudios y que ahora trabajará en El Calvario. Haydee le confiesa haberlo estado esperando durante muchos años para casarse, como lo prometieron cuando eran niños. Leonel, ante las caricias e insinuaciones de la sensual muchacha, le pide que no lo presione, pues sus planes son otros. Cuando Antulia y Haydee se marchan de la hacienda, la muchacha se queja de Leonel, pues ella desea casarse con él. Antulia le aconseja que tenga paciencia o que de plano se encargue de embarazarse para que Leonel le pida matrimonio.

 

Dinora se prepara para ir a la cama en compañía de Carmela, su antigua empleada y nana de sus hijos, a la que le pregunta en donde demonios se encontrará Jerónimo, Carmela le pregunta que, si ya lo sabe, para qué pregunta. Dinora hace una rabieta, pues segura está que Jerónimo no ha podido olvidar a aquélla mujer, por lo que seguramente se encuentra en el burdel de Santa Rosa del Puerto… con ella.

 

Jerónimo y Evaristo se divierten con las mujeres de La luciérnaga. La faraona le pregunta por Dinora y Jerónimo le pide que no lo fastidie con la historia de siempre. La faraona le pide un favor a Jerónimo: que emplee a Priscila, una muchacha que ha perdido a sus padres en un pueblo cercano y que necesita trabajar. Jerónimo le aconseja a La faraona que emplee a la muchacha en el burdel, pues si está de muy buen ver y se haría rica divirtiendo a los hombres. La mujer le asegura que Priscila es una buena muchacha y que la vida nocturna no es para ella, por lo que prefiere que trabaje como sirvienta. Jerónimo accede y le pide que la huérfana se presente por la mañana en la hacienda El Calvario. Como agradecimiento, la Faraona les invita a Jerónimo y Evaristo una botella de tequila por cuenta de la casa. Jerónimo intenta besarla y ella lo rechaza, asegurándole que hace mucho tiempo que él rechazó sus caricias, por lo que ya es demasiado tarde para tratar de recuperarlas.

 

Mientras Leonel recuerda el momento en el que sorprendió a Eugenio comportándose de manera violenta con Isabela, ella piensa en las palabras de Leonel, y cree que casarse con Eugenio no es una buena idea.

 

Dinora discute con Jerónimo, al que le reclama el pasar tantas noches en “La luciérnaga”, seguramente revolcándose como un animal con aquélla mujer… Jerónimo la abofetea y le exige que no le reclame nada ni se olvide que a ella la sacó de ese lugar, cuando enviudó, y que se ha hecho cargo del bastardo que engendró con quién sabe quién. Dinora llora amargamente pues han sido demasiados años soportando las borracheras y los insultos de su marido.

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Evaristo llega a casa, donde Mariela le aguarda, asegurándole estar cansada de ser la esposa del acompañante de Jerónimo Madrigal. Evaristo le asegura a su mujer que debe ser complaciente con su amigo, pues tiene la esperanza de que le perdone la enorme deuda que tiene con él.  Ella, enfurecida, le asegura que si Alfonsina, la antigua esposa de Jerónimo, viviera, esa deuda estaría más que perdonada. Evaristo solo lamenta el día en que hizo negocios con Jerónimo, de quien ha sido amigo desde la infancia, cuando los Madrigal y los Durán eran las familias más distinguidas de Santa Rosa del Puerto.

 

Mientras Jerónimo y Dinora desayunan, Carmela interrumpe para hacer saber que una muchacha llamada Priscila busca a Jerónimo. Éste le da la orden a Carmela para que emplee a la muchacha. Dinora pone el grito en el cielo y le pregunta a su marido si esa muchacha es una de las concubinas del burdel del pueblo. Jerónimo besa a su mujer en la frente y le recuerda que no tiene porqué darle explicaciones. Se marcha.

 

Leonel da un paseo por la playa y allí se encuentra a Isabela, a quien pregunta si ya se siente mejor. Ella le vuelve a decir que duda de sus sentimientos hacia Eugenio, al cuál a veces tiene miedo. Leonel asegura que su hermano es un poco posesivo en los asuntos del amor, así como explosivo y caprichoso, pero que es una buena persona. Isabela le confiesa a Leonel que antes de su noviazgo con Eugenio, consideraba seriamente el ingresar en un convento.

 

Mariela y Dinora visitan a Eduviges, una antigua amiga que se encuentra gravemente enferma. Eduviges vive en compañía de su sobrina, Consuelo, y su fiel ama de llaves: Leandra, la cuál da la bienvenida a las mujeres, asegurándoles que Eduviges no vivirá mucho tiempo. Eduviges, con llanto, asegura a sus amigas estar preocupada por Consuelo, su sobrina, la cuál quedará desamparada. Le recuerda a Dinora que ella es la madrina de bautizo de la criatura y le pide que por favor se haga cargo de ella y de Leandra. Dinora le promete a su amiga que así será.

 

Consuelo se entretiene hablando con Eugenio, de quien es gran amiga y del cuál está enamorada. Le asegura que cuando Eduviges muera, ella lo heredará todo por lo que se podrá casar con un hombre de buena posición de Santa Rosa del Puerto. Eugenio le pregunta a Consuelo qué es lo que sabe de su madre y ésta asegura que su madre murió cuando ella nació y que por eso se quedó a cargo de su tía Eduviges. Al marcharse las visitas de casa,  Leandra le recuerda a Consuelo que su tía Eduviges ya no tiene más que su casa y que no le heredará absolutamente nada. Consuelo le recuerda a Leandra que ella no es más que una simple y vulgar sirvienta de la cuál se deshará en cuanto Eduviges muera, y la sirvienta, intrigosa hasta la muerte, le pregunta a la pequeña si Eugenio le contó de su futura boda con Isabela Durán. Al escuchar eso Consuelo se marcha a su habitación, donde hace una rabieta terrible.

 

Cerca de El Calvario hay un río que divide las tierras. Allí se baña Priscila, quien es secretamente espiada por Jerónimo, el cuál se toca mientras la observa.

 

Leonel y Eugenio cabalgan juntos. Eugenio no entiende como su hermano es feliz en la hacienda, entre reces, en vez de haber preferido vivir en la capital. Leonel asegura amar el campo, el ganado, pero Eugenio se niega a amar eso y asegura que jamás regresará, pues desea vivir de por vida en la ciudad, la cuál tiene aires diferentes a los de Santa Rosa del Puerto. Leonel le pregunta a su hermano cómo le explicará eso a Jerónimo, su padre, el cuál está seguro de que Eugenio administrará la hacienda en cuanto termine sus estudios. Eugenio está seguro de que lo sabrá manejar.

 

Carmela y Porfirio, criados de los Madrigal, sufren terriblemente por la muerte de su hija, quien ha muerto dando a luz y ha dejado sin madre a un recién nacido. Dinora consuela a Carmela y Porfirio en su sufrimiento y accede a que su nieto viva en la hacienda, así como su yerno, Ezequiel, el cuál será empleado por Jerónimo.

 

Priscila es sorprendida en la hacienda por Jerónimo, quien la mira con deseo. La muchacha le agradece el haberla empleado y él le asegura que solamente le hizo un favor y que tarde o temprano se lo cobrará.

 

Eugenio habla con Isabela y la besa exageradamente, mientras la manosea. Isabela le pide que no la toque así. Eugenio se molesta y asegura estar cansado de su mojigatez. Isabela confiesa no estar segura de querer casarse con él, sorprendiéndolo ferozmente.

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Eugenio siente una fuerte decepción ante las palabras de isabela, la cuál muestra con lágrimas no estar más interesada en él, quien le asegura que ahora que están comprometidos ella no se puede echar para atrás, por lo que  se casarán y tarde o temprano será suya. La besa por la fuerza y trata de abusar de ella, quien lo abofetea y tras lograr zafarse de él, huye.

 

Dinora se presenta ante La faraona, a quien le exige que le diga quién es la mujerzuela que ha llegado a trabajar a su casa. La faraona da la bienvenida a “Muñeca”, como ella la llama, y le deja claro que Priscila es una muchacha que ha quedado huérfana y que no desea llevar la vida que ahora ella lleva y que “Muñeca” alguna vez llevó. La mujer le pregunta a Dinora si no recuerda que ella también trabajó en “La luciérnaga” y que allí engatusó a Jerónimo y se le metió por los ojos hasta conseguir que Alfonsina, su esposa enferma, los descubriera y muriera con un recién nacido entre sus brazos, cuando a quien Jerónimo amaba verdaderamente era a ella, a Rosario Guzmán, La faraona. Dinora le exige a La cabaretera que calle y se deje de estupideces. Le advierte que si no logra que Priscila se marche de El Calvario, ella misma, Dinora, la echará como a un perro. La faraona le jura que, si se atreve a hacerlo, entonces ella se presentará ante sus hijos y les dirá toda la verdad, por lo que le advierte que mejor se guarde sus amenazas y se abstenga de cumplirlas.

 

Leonel se pasea en el pueblo con Haydee, quien asegura envidiar a Isabela por su próxima boda, hostigando al muchacho, quién nuevamente le repite que el no se casará sino hasta haberse forjado un patrimonio.

 

Isabela piensa demasiado en el comportamiento de Eugenio y en lo que sus padres han hecho al venderla para salvar una deuda, por lo que en complicidad con Prudencia prepara una maleta y se va de casa, rumbo al convento más cercano. Cuando Evaristo y Mariela se enteran, se alarman y de inmediato le informan a Eugenio lo que ha sucedido. Eugenio hace un berrinche y pide ayuda a sus padres, quienes no saben qué hacer. Jerónimo le jura a Evaristo que, si su hija se burla de Eugenio, será él quien lo lamente.

 

Ezequiel molesta a Priscila, quien es defendida por Jerónimo, quien amenaza al hombre con despedirlo si sigue intentando propasarse con la muchacha, a quien el dueño absoluto del lugar se acerca, asegurándole que es muy bonita. La muchacha se marcha a la casa y Jerónimo solo la observa con deseos de poseerla. Le exige que se ande con cuidado y que si Ezequiel insiste en molestarla, se lo diga para despedirlo.

 

Isabela se instala en el convento de las hermanas Clarisas, quienes le aseguran que no puede ser monja de la noche a la mañana, sin embargo deciden darle refugio, conscientes de que si no siente la vocación, podrá marcharse.

 

Eugenio llora inconsolablemente por la desaparición de Isabela y le suplica Leonel que la busque y la encuentre pues no puede vivir sin ella. Leonel, de buenos sentimientos, le promete a su hermano que encontrará a su prometida. Leonel no sospecha que a Eugenio lo único que le importa es poseer a la muchacha y el qué dirán, pues está acostumbrado a que se cumplan sus caprichos y a parecer intocable y adorado ante la gente. Consuelo aconseja al Eugenio que mejor se olvide de Isabela y se fije en alguien dispuesta a darle lo que él quiere. Eugenio le pide a la jovencita que se deje de insinuaciones y haga de lado su comportamiento insistente, pues aunque ella lo ama, él jamás pondría los ojos en alguien tan poca cosa como ella. Consuelo sufre en silencio el rechazo del jovencito.

 

Evaristo se encuentra muy enojado y culpa a Mariela del comportamiento de su hija. Mariela le responde que si él no fuera un borracho desobligado y estuviera al pendiente de lo que su hija quiere, no tendrían porqué estar pasando las de Caín. En ese momento son sorprendidos por Jerónimo, quien les advierte que si su hija se burla de su hijo, lo lamentarán.

 

Dinora consuela a Eugenio, quien se siente destruido. Él jura que Isabela no tuvo motivos para desaparecer como lo hizo. La angustiada madre le aconseja a su hijo que vuelva a la capital a terminar su maestría y entonces regrese, cuando todo se haya calmado. Por su parte, Leonel asegura a su hermano que Isabela quizás haya huido lejos y no aparezca pero Eugenio, obsesionado, con un enorme llanto hace que su hermano le jure que la encontrará a como de lugar.

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MAYO 2010En el convento, Isabela llora amargamente por su situación y solo espera que Prudencia no la delate. No desea casarse con Eugenio, le teme, y sin en cambio piensa mucho en la imagen de Leonel, el cuál es completamente diferente.

 

TIEMPO DESPUÉS: Eugenio ha terminado la maestría y radica en Santa Rosa temporalmente. Pregunta si alguien tiene noticias de Isabela pero todos le dicen lo mismo. Dinora, su madre, le confiesa que Leonel la ha estado buscando por cielo mar y tierra y que al parecer la ha encontrado en un convento. Eugenio exige que le digan en donde está ese convento pero nadie sabe darle razones, por lo que enfurece.

 

En el convento, Isabela coopera en la cocina con las labores y es interrumpida por una de las hermanas, la cuál le informa que la madre superiora desea verla. Isabela acude a la dirección, donde la madre superiora le dice que alguien la busca. Isabela se sorprende al ver ahí a Leonel, quien le pide que vuelva a Santa Rosa del Puerto pero ella no desea hacerlo, y mucho menos casarse con Eugenio. Leonel le pide que recapacite y no destruya su vida como lo está haciendo. Ella llora asegurando tener mucho miedo de volver pues no se quiere casar. Leonel la  abraza y entre ambos nace un sentimiento que los hace sentir extraños.

 

Consuelo visita El Calvario y habla con Eugenio, al que le dice que ella jamás lo abandonaría de la manera en que Isabela lo ha hecho. Eugenio le recalca a su enamorada que él jamás pondría los ojos en una recogida como ella, aunque sean muy buenos amigos, pues no es tan bonita, simpática ni adinerada como Isabela. Ese tipo de comentarios incrementan el odio de Consuelo hacia Isabela, a quien desea que muera y no aparezca jamás.

 

Leandra reza con una fe letal para que Eduviges deje de sufrir y encuentre la paz. Pide a Dios que no la desampare a ella tampoco, pues se encuentra sola en el mundo y teme que, tras la muerte de Eduviges, Consuelo la deje desamparada. La mujer está angustiada y piensa que todo es un castigo divino.

 

Evaristo hace cuentas en el despacho de la hacienda y es interrumpido por Jerónimo, quien le pregunta si sabe algo de Isabela. Evaristo le pide a su amigo que no tome represalias contra su familia pero Jerónimo asegura que la vergüenza que Isabela les ha hecho pasar es imperdonable.

 

Eugenio y Consuelo hablan con Haydee, a la cuál Eugenio asegura que si Leonel no le ha pedido matrimonio, seguramente es porque no la ama verdaderamente. Los tres cabalgan por las tierras de la familia Manssur hasta llegar al río, donde sorprenden a Priscila bañándose. Eugenio le exige que salga del río argumentando que es de su propiedad. Priscila sale y entonces Consuelo y Haydee se burlan de ella. La pobre muchacha sale corriendo hasta “La Luciérnaga”, donde se desahoga con La faraona, quien le asegura que la vida de los pobres está llena de muchas injusticias, por lo que le recomienda que aprenda lo más que pueda en la hacienda y confíe en jerónimo, pues solo así se superará y llegará a ser alguien en la vida, o al menos en lo que encuentra a un hombre que la quiera y desee casarse con ella.

 

Isabela acude al hotel en el que Leonel se encuentra. Allí se desahoga asegurando sentirse mal por ser vendida por sus padres. Leonel se enternece con la fragilidad de Isabela, quien llora refugiándose en los brazos del muchacho.

 

Antulia asegura a Dinora y Mariela lo felices que serán en cuanto Eugenio e Isabela estén casados, asegurando que la boda será la boda del año y que ella quiere ser madrina. Consuelo interrumpe y le pregunta a Antulia si tiene el suficiente dinero como para pagar un amadrinamiento y Antulia asegura que tiene dinero para dar y regalar ya que su familia, los Montecinos Dumont de Rivadeneira, siempre ha sido una de las familias más adineradas de la región, y a demás, ella no tiene compromiso alguno con nadie y no porque la hayan despreciado, si no porque jamás hubo hombre a su altura y con más dinero que ella. Las amigas de la mujer ríen por sus ocurrencias.

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Isabela piensa demasiado en Leonel, en su sinceridad y su fortaleza, en el empeño con el que la buscó para encontrarla. En el fondo desea que Eugenio fuera así, entonces ella lo amaría sinceramente.

 

Jerónimo habla con Eugenio sobre Isabela pues quizás se ha encaprichado con ella. Eugenio asegura que si Isabela no es para él, no será para nadie, pues él no puede amar a nadie más y tampoco se lo permitirá a ella. Jerónimo asegura a su hijo que si insiste en hacerse daño lo único que conseguirá será autodestruirse, pues nadie está obligado a amar a otra persona sobre su voluntad.

 

Dinora le confiesa a Carmela el tener miedo de que Isabela no ame a su hijo. Carlota asegura que Leonel encontrará a Isabela y Dinora hace un comentario desagradable sobre el muchacho. Entonces confiesa sentir cierta apatía hacia él por ser el consentido de Jerónimo. Carmela le recuerda a Dinora que Jerónimo no hace distinciones con sus hijos y que Leonel no tiene la culpa de ser el hijo primogénito. Le recuerda también que ella decidió ser la segunda esposa al empeñarse en amarrar a Jerónimo a como diera lugar, aunque él estuviera enamorado de otra mujer.

 

Consuelo le cuenta a Eduviges lo que sucede en El calvario. También confiesa estar completamente enamorada de Eugenio. Eduviges le promete a su sobrina que pronto encontrará a un hombre que quiera estar con ella y la ame pero Consuelo asegura que se casará con Eugenio, pues él jamás encontrará a Isabela. La moribunda mujer le pide a la muchacha que sea buena, que se porte bien y siempre agradezca lo que se le brinde, cuando ella muera. Consuelo no hace más que muecas y gestos de desagrado y en silencio implora  a Dios que Eduviges muera, pues así se verá desamparada y podrá irse a vivir al Calvario, donde podrá estar muy cerca de Eugenio.

 

Leonel habla por teléfono con su padre, al que le dice que ha encontrado a Isabela y que la convencerá de que regrese a Santa Rosa del Puerto, pero Jerónimo es impaciente y no le gusta esperar, a demás de que Eugenio escucha todo y hace un berrinche para que su padre haga algo para regresar a Isabela, por lo que Jerónimo le exige a Evaristo que vaya al convento por su hija y la obligue a regresar para que se case con Eugenio.

 

Leonel hace una nueva visita a Isabela. Le promete que si regresa a Santa Rosa del Puerto, la apoyará para que no la obliguen a casarse con Eugenio. Isabela agradece a Leonel el ser tan bueno, Accidentalmente sus caras se cruzan y ambos se dan un fuerte beso. Ella trata de huir pero él la detiene, preguntándole si siente lo mismo que él. La jovencita le asegura que lo que ellos sienten es imposible, pues hace un tiempo ella era la prometida del hermano de él. Leonel le pide que, si su destino es casarse con un Madrigal para saldar las deudas de su padre, se case con él. La besa apasionadamente y ella le corresponde.

 

Evaristo le dice a Mariela el paradero de Isabela y de inmediato salen en busca de su hija. Evaristo asegura que lo quiera o no, Isabela se casará con Eugenio. Mariela, por su parte, asegura que lo único que importa es que su hija esté bien.

 

Eugenio jura que cuando Isabela aparezca, pagará con lágrimas de sangre la ofensa que le ha hecho, así como lo pagarán los demás por no haber hecho lo suficiente para encontrarla antes.

 

Leonel no deja de pensar en Isabela y sabe perfectamente que, si se ha enamorado, se enfrentará a muchas cosas, sin embargo tiene el suficiente valor para hacerlo. Decide que irá por ella al convento, antes de que se le adelanten, y entonces escaparán juntos, donde nadie nunca los encuentre.

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Isabela se ha enamorado de Leonel por lo que cree que si regresa a Santa Rosa del Puerto empeoraría las cosas. La madre superiora la interrumpe y le dice que nuevamente tiene visita. Isabela se sorprende al ver allí a sus padres y les pide que la dejen tranquila. Evaristo le dice que ya ha hablado con la madre superiora por lo que le exige que empaque sus cosas. La madre superiora le pide a Isabela que abandone el convento, pues ella no estaba enterada de su compromiso matrimonial. A Isabela no le queda más remedio que tomar sus cosas y subir al auto de su padre. En ese momento llega Leonel, al que Isabela le asegura que jamás le perdonará el haber confesado su paradero.

 

Dinora está feliz pues la aparición de Isabela ha tranquilizado a Eugenio. Se pregunta porqué la muchacha huiría de esa manera. Carlota le dice que quizás Isabela no se quiere casar. Eugenio asegura que eso es peor para ella, pues él la ama y será solamente suya.

 

Isabela llega a casa, donde ya la espera Eugenio, quien le llora y de rodillas le pide que nunca lo vuelva a abandonar. Isabela muestra desprecio hacia el muchacho y le dice que aunque ha regresado, no se casará con él, por lo que le devuelve su anillo de compromiso, cosa que sorprende a Mariela y Evaristo. Leonel llega apresurado en ese momento y le pide a su hermano que se marchen pero Eugenio quiere una explicación. Mariela le pide a su hija que no sea grosera y pida una disculpa a Eugenio. Isabela lo hace. Le pide disculpas por huir de él y también por no amarlo. Rompe su compromiso y Eugenio se marcha, derrotado, acompañado por Leonel, ante el cuál llora inconsolablemente asegurando que ama a Isabela por sobre todas las cosas.

 

Jerónimo habla con Dinora sobre el futuro de sus hijos cuando Eugenio los interrumpe, vuelto un mar de llanto, para decirles que Isabela le ha devuelto el anillo de compromiso. Al no poder calmar a su hijo, Jerónimo lo abofetea y le exige que se comporte como un hombre, como un Madrigal, y que deje de lloriquear como una mujer. Eugenio le pide a Leonel que convenza a Isabela para que lo acepte nuevamente como esposo mas Leonel asegura que él ya no puede hacer más.

 

Prudencia consuela a Isabela, quien se siente destruida al haber sido encontrada. Prudencia le cuenta cuánto hizo Leonel para poder encontrarla sin embargo Isabela considera que el muchacho la traicionó. Decide salir de casa, a escondidas, mientras que Prudencia le cuida las espaldas.

 

Leandra no se aparta de Eduviges, quien le da las gracias por sus cuidados y permanecer a su lado. Leandra le asegura a su “señora”, como la llama, que ella está aún más agradecida por tantos años de ayuda, de empleo, de confianza. Eduviges le recuerda a Leandra que solo ellas dos saben un gran secreto que nunca debe saberse, por lo que la moribunda mujer encarga a su fiel sirvienta que jamás se separe de Consuelo. Leandra asegura que “Chelito”, como ella llama a Consuelo, siempre estará a salvo mientras ella viva.

 

Leonel da un paseo cabalgando por la playa y se encuentra con Isabela, quien se muestra molesta por creer que gracias a él la han regresado a Santa Rosa. Leonel insiste en que él trató de evitar que la encontraran y ante la resistencia de la muchacha la besa apasionadamente y le promete que no se casará con Eugenio, si no con él. Ambos se entregan su amor y después él la lleva a casa, escabulléndose hasta la habitación de ella, donde también se besan y ella confiesa tener miedo de lo que pueda suceder. Leonel le promete que todo se arreglará y los dos se dan un fuerte beso de amor sin sospechar que Eugenio también ha llegado a ver a Isabela, mas Juanita le asegura que la muchacha no puede verlo. Escucha el relinchar de un caballo y entonces le pregunta a la sirvienta si Leonel ha visitado a su prometida y Juanita le asegura que el joven leonel jamás ha estado en la casa salvo las veces que lo acompañó a él. Isabela aparece entonces y Eugenio le pide que recapacite y que acepte ser su esposa. Isabela se niega y Eugenio comienza a violentarse pero se contiene. Isabela entonces le confiesa que si no lo acepta como esposo es porque no lo ama, ya que ama a otro hombre. Eugenio le exige que le diga quién es ese hombre e Isabela se niega a hacerlo pero entonces, vuelto un río de furia, violentándose, Eugenio le exige que le diga de quién está enamorada. Isabela llora y le suplica que la suelte pero él no lo hará hasta que ella confiese a quién pertenece su corazón por lo que Isabela le dice que Leonel es el hombre al que ella ama.

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Eugenio estalla y le asegura a la jovencita que jamás se casará con Leonel, si no con él, con Eugenio. Se lo jura una y otra vez hasta marcharse enfurecido de la casa, sorprendiendo a Mariela y Evaristo, quienes recién han llegado. Evaristo le exige a Isabela que le diga que ha sucedido y ella solo les dice a sus padres que no se casará pues no ama a Eugenio y les suplica  que lo entiendan o de lo contrario la harán muy infeliz.

 

La Faraona visita la iglesia, donde habla con el padre Cayetano, quien le asegura que a pesar de poseer una casa de vicios y pecado, no deja de ser una buena cristiana y cumplir puntualmente con su diezmo. La faraona asegura que en su casa no existe ningún pecado, y que sentir un poco de felicidad no puede ser tan malo. Son interrumpidos por Antulia, quien se asusta ante la presencia de la mujer, a la que llama descarada, por atreverse a presentarse en la casa de Dios, en sus fachas. La faraona le pregunta a Antulia si no es más descaro haber sido como ella y ahora dárselas de señora, haciendo que los demás le tengan respeto cuando antes le escupían a la cara los santurrones. Antulia jura que ella nunca fue mujerzuela y la Faraona le dice que ella no, pero su amiga Dinora sí. El sacerdote pide a La faraona que se marche y, cuando ella se va, Antulia solo despotrica contra ella. Cayetano le recuerda a la mujer que en la casa de Dios todos son iguales y todos son bienvenidos.

 

En la hacienda, Leonel no comprende porqué Eugenio se encapricha con Isabela si bien sabe que ella no lo quiere. Dinora cree que con el matrimonio Isabela puede llegar a amar a su hijo pero Leonel insiste en que no es así. Jerónimo confiesa sospechar que Leonel está enamorado de Isabela y el muchacho lo acepta. Dinora lo abofetea y le recuerda que eso no se le hace  a un hermano, mas Leonel se defiende argumentando que los días que pasó en buscando a Isabela  sirvieron para darse cuenta de que ella es la mujer que ama y con quien le gustaría hacer una vida, a demás que ella le corresponde. Jerónimo le pide a su hijo que recapacite pues Isabela se casará con Eugenio a como de lugar pues tanto Evaristo como él han negociado esa boda y se realizará. Leonel promete que no lo permitirá, pues él e Isabela se aman.

 

Eugenio llega a la hacienda destruido, en medio de la noche, vuelto un mar de lágrimas. De rodillas cae sobre el pavimento de la entrada de El Calvario, repitiendo una y mil veces el nombre de Isabela. Carmela lo ayuda a levantarse y él le dice que lo han engañado, que todo el tiempo le han visto la cara de estúpido. Al entrar a la hacienda, Eugenio corre a los brazos de su madre, quien le dice que ya está enterada de lo que sucede. Eugenio maldice a Leonel por arrebatarle el amor de Isabela. Dinora abraza a su hijo y llora con él, acompañándolo en su dolor.

 

Haydee busca a Leonel, al que invita a salir. Él se niega mas ella se porta insistente El muchacho le pide que no pierda su tiempo ni lo vuelva a buscar más, pues jamás le corresponderá. Haydee asegura amarlo y haberlo estado esperando siempre y entonces él le confiesa amar a Isabela Durán. Le pide que se marche de la hacienda y él sale de prisa al mar, donde se baña en medio de la noche.

 

Leandra hace sus últimos quehaceres y Consuelo la ronda. Leandra se da cuenta y le pregunta porqué está tan intranquila. Consuelo solo le pregunta a donde se marchará cuando Eduviges falte, pues se quedará sin trabajo y ella no la necesita. Leandra sonríe y asegura a “Chelito” que aunque Eduviges muera, ellas dos estarán juntas por siempre.

 

Mariela le pide a su hija que le diga qué es lo que sucede. Isabela le confiesa a su madre estar enamorada de Leonel y Mariela se preocupa, pues el caso de su hija puede costarles una enemistad con los Madrigal, así como despertar habladurías en el pueblo. Asegura que Evaristo jamás lo permitirá mas Isabela no lo ve tan mal, pues finalmente Leonel también es un Madrigal y ella aún sigue siendo la mercancía con la que su padre se liberará de sus deudas.

 

Dinora le promete a Eugenio que hablará con Mariela y Evaristo, los cuales obligarán a Isabela a que se case con él. Eugenio le suplica a su madre que lo ayude o de lo contrario se suicidará. Cuando se encuentra cara a cara con Leonel, se le abalanza para golpearlo.

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JUNIO 2010Leonel detiene a su hermano y le pide perdón, asegurándole que las cosas simplemente sucedieron y se salieron de control. Eugenio le jura a Leonel que jamás lo dejará casarse con Isabela, pues hará hasta lo imposible por impedirlo, ya que él la ama y ella debe corresponderle, pues estaban comprometidos. Leonel no deja que su hermano lo golpee pues es más fuerte. Cuando Eugenio decide romper nuevamente en llanto, Dinora culpa a Leonel por el sufrimiento de su hermano. Cuando él trata de explicar y la llama “mamá”, la mujer le pide que no la llame así, pues ella no es su madre. Confundido, Leonel se marcha a su habitación, en donde llora pues se siente culpable de todo lo que está aconteciendo debido al amor entre él e Isabela. Lamenta que hasta su propia madre lo desconozca. Pide a Dios fuerzas para enfrentarse a todos, pues él ama verdaderamente a la ex prometida de Eugenio.

 

Jerónimo se emborracha en “La luciérnaga” y le cuenta a La faraona lo que sucede con sus hijos. La Faraona solo se ríe al imaginarse como se ha de encontrar Dinora ante el sufrimiento de su hijo consentido. Jerónimo le exige que calle y La faraona le confiesa al hombre que siempre ha tenido la duda de si Dinora ama tanto a su hijo por ser una buena madre o porque el muchacho es hijo del desliz que tuvo hace muchos años, cuando se entrometió entre ellos. Jerónimo rompe la copa y le exige a la Faraona que calle. Ésta le recuerda que “La luciérnaga” es de ella y que puede hacer o decir lo que le venga en gana y hace que todos se enteren que la señora Dinora de Madrigal, que es tan distinguida y tan refinada, hace muchos años no fue mas que una vulgar cabaretera que engatusó al hombre que ella, La faraona, amaba con toda el alma. Jerónimo se marcha del lugar furioso y alcoholizado.

 

Evaristo habla con Mariela sobre la situación de Isabela. El hombre considera que su hija está en lo cierto: Leonel también es un Madrigal, por lo que da lo mismo con cuál de los dos hermanos se case. Se duerme, pero Mariela está intranquila, ella está preocupada por la felicidad de su hija.

 

Priscila termina sus tareas demasiado tarde y en vez de irse a acostar en su cama, decide dar una vuelta por las caballerizas. Allí sorprende a Jerónimo, quien le confiesa estar muy confundido con todos los problemas que le crean su esposa y sus hijos. Jerónimo cae al suelo de borracho y llora amargamente jurando que siempre ha tratado de hacer las cosas bien por el bienestar de su familia y Priscila lo abraza, tratando de ponerlo de pie y entonces él la besa. La chica se asusta y él le pide que no tenga miedo, pues nadie se enterará. Se pone de pie, la toma bruscamente y la tira, rompiéndole las ropas por la fuerza y le hace el amor violentamente sin que ella se pueda defender para entonces abandonarla y amenazarla, pues si dice una sola palabra de lo que sucedió, lo lamentará. La muchacha huye de la hacienda en medio de la lluvia y llega a “la luciérnaga”, confundida. Allí La faraona le exige que le diga que es lo que le sucede. Cuando la muchacha lo confiesa todo, la cabaretera se enfurece y maldice a Jerónimo. Toma a Priscila entre sus brazos, la abraza y llora con ella asegurándole que todo va a estar bien.

 

Tempranamente Carmela y Porfirio se dan cuenta de que Priscila no pasó la noche en la hacienda y que se ha marchado. Se lo hacen saber a Dinora, quien se contenta por lo sucedido. Orgullosa asegura que a nadie le hará falta esa pobre desdichada.

 

Isabela sale a pasear a la playa, como es costumbre para ella. Allí se encuentra con Haydee, quien le exige que le diga si es verdad que entre ella y Leonel hay algo. Isabela asegura que entre ella y Leonel no hay nada pero que se casarán cuando las cosas se calmen. Haydee le jura que jamás le dejará el camino libre, pues ella ha esperado por muchos años a Leonel, pues desea pertenecer a al familia Madrigal y no pretende hacerlo enamorando a Eugenio, el cuál es un llorón caprichoso y arrogante. Isabela le responde que entonces ese es su problema.

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Porfirio habla con Leonel y le aconseja que haga lo que su corazón siente y que, si en realidad ama a Isabela y ella a él, entonces luchen por ser felices sin importar cuales sean los obstáculos. Leonel desea que ese consejo se lo hubiese dicho su padre y Porfirio le hace ver que Jerónimo está partido en dos, pues teme por la felicidad de sus dos hijos y no sabe cómo reaccionar al verse en tremendo lío: Los dos enamorados de la misma muchacha.

 

Jerónimo y Dinora visitan a Eduviges, reuniéndose también con Consuelo y Leandra, a quienes Dinora les cuenta lo que sucede. Consuelo no comprende porqué a pesar de lo que le ha hecho Isabela, Eugenio la sigue amando y se lo hace saber a su padrino, Jerónimo, quien le pide a Consuelo que no se meta en lo que no le importa. Se marcha con Dinora pues tienen que ver a Mariela y Servando, con quienes acuerdan que Isabela se casará con Eugenio aún en contra de su voluntad. Prudencia escucha todo y se lo hace saber a Isabela, quién llama por teléfono a Leonel, a quien le dice lo que ha sucedido en su casa. Leonel le hace ver que lo mejor que pueden hacer entonces es fugarse. Isabela está de acuerdo y le dice a Leonel que le mandará una carta con Prudencia, donde le dirá a qué hora puede escaparse de casa, esperando una contestación suya. Leonel está de acuerdo. Ambos cuelgan el teléfono sin sospechar que desde otra línea Eugenio ha escuchado toda su conversación.

 

Evaristo acude a la recamara de Isabela, a quien confiesa saberlo todo, por lo que le dice que se avergüenza de tener como hija a una cualquiera. Isabela decide revelarse y segura que no se casará con Eugenio, si no con Leonel, al cuál ya se ha entregado. Evaristo golpea vilmente a su hija a pesar de que Mariela trata de detenerlo. No deja de ofenderla y le jura que si no se casa con Eugenio, la matará. Mariela intercede y defiende a su hija, apoyándola. Evaristo la abofetea a ella también y la llama alcahueta, culpándola del mal comportamiento de la muchacha, a la que encierra bajo llave.

 

Dinora y Jerónimo llegan a la hacienda y en la entrada ven a La faraona, por lo que Dinora pregunta a su marido qué significa eso. Jerónimo baja del coche y pide al chofer que lleve a su mujer hasta las puertas de la casa. Se acerca a la cabaretera para preguntarle qué es lo que quiere. Ella lo maldice, confesándole saber lo que le hizo a Priscila. Jerónimo le asegura que la muchacha se le ofreció como la ramera que es y que él solo correspondió a sus caricias, por lo que no es culpable de nada. La faraona le promete que lo denunciará y él le recuerda que él es la máxima autoridad del pueblo, por lo que si ella trata de hacer algo en su contra, él se encargará de cerrarle el congal y dejarla en la ruina. A continuación la doma del brazo y le exige que se marche, empujándola y haciéndola caer en el lodo. La mujer llora, lo maldice, y le jura que un día pagará todas las que ha hecho. Jerónimo se encamina a casa, dejando a la mujer sobre el lodo, llorando. Desde lejos Dinora los observa, asustada, pues sospecha que algo terrible ha sucedido. Es interrumpida por Carmela, quien le dice que la muchacha que Rosario Guzmán recomendó, ha desaparecido.

 

Isabela decide no comer nada a pesar de la insistencia de su padre, asegurando que si desea casarla con Eugenio, preferirá morir de hambre. Prudencia le pasa por debajo de la puerta una carta de Leonel, donde le dice que la ama y le pide que sea paciente y aguarde hasta que todo se aclare. Isabela tiene la esperanza de que Leonel haga todo para que huyan juntos, por lo que se emociona y asegura que no siente más miedo de Eugenio y que sabrá esperar.

 

La faraona se siente destrozada por lo que Jerónimo ha hecho. Llora inconsolable, mientras que Jerónimo bebe a solas, pensativo. Es interrumpido por Dinora, quien le pregunta que sucede.  Él le pide que lo deje solo pero ella desea saber qué es lo que ha sucedido con Priscila. Jerónimo intenta decírselo pero no puede, entonces ella comprende y lo abofetea, acusándolo de ser un canalla.

 

Pasa el tiempo y Leonel e Isabela no dejan de escribirse cartas, así como él no deja de verla a escondidas, dentro de su recamara, cuando puede escabullirse, entregándose así su amor, los dos. Prudencia es su cómplice y Mariela, por su parte, sospecha algo al ver a su hija tranquila y contenta.

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Eugenio no deja de sentir dolor al creer que ha perdido a la mujer que ama y hace demasiada amistad con Haydee, quien intenta seducir a Leonel cuantas veces puede. Cuando los tres están juntos, Eugenio y Haydee no hacen más que burlarse de Consuelo, quien a solas llora por sentirse rechazada.

 

Jerónimo y Evaristo hablan sobre su situación. Evaristo le asegura que le perdonará su deuda, pero no lo quiere ver más en la hacienda, por lo que le agradece los años que trabajó para él y no lo indemniza, argumentando que con el saldo de su deuda es más que suficiente. Los dos han acordado que Isabela y Leonel se casen si eso es lo que quieren, pues finalmente se están viendo a escondidas. Jerónimo cree que Eugenio reaccionará de manera violenta, mas entiende a Isabela, ya que él estuvo en la misma situación hace muchos años, cuando falleció Alfonsina, su primera esposa, y tuvo que elegir entre dos mujeres que la pudieran suplir.

 

Eugenio habla con Consuelo y Haydee sobre los planes de Leonel e Isabela para fugarse. Se preguntan porqué si lo habían acordado jamás lo hicieron. En ese momento ambos se dan cuenta de que Prudencia le entrega una carta a Leonel. Consuelo nota que Leonel no le entregó ninguna respuesta a la sirvienta por lo que Eugenio cree que ellos deben adelantarse pero ser cuidadosos. Eugenio y Haydee consideran que ha llegado el momento de llevar a cabo su malévolo plan y deciden que Consuelo los ayudará.

 

Carmela se encarga de la cocina y es interrumpida por Dinora, quien se encuentra muy agitada asegurando que el pecho le palpita como si algo estuviera a punto de acontecer, como si fuese a ocurrir una desgracia. Carmela le ruega a la mujer que se calme pero la mujer insiste en que algo sucederá. Carmela le pregunta si ya no han sabido nada de Priscila o Rosario Guzmán y al escuchar ese nombre, Dinora le exige a la sirvienta que jamás vuelva a pronunciarlo en su casa.

 

Leonel escribe una carta en el despacho y le pide a Ezequiel, uno de los peones que se la entregue a Prudencia. El peón sale de la hacienda pero es abordado por Eugenio, quien le pregunta que es lo que lleva. Ezequiel se lo dice y Eugenio le arrebata la carta, asegurando que él la entregará personalmente. No lo hace, si no que escribe otra en complicidad con Consuelo y Haydee, seguros de que el plan dará resultado. Consuelo, dentro de si, sabe que si el plan resulta, ella perderá a Eugenio para siempre.

 

Isabela se alegra en cuanto Prudencia le entrega una carta que ha llegado de parte de Leonel. Al leerla se emociona y le dice a la sirvienta que la ha citado a las diez de la noche en las caballerizas de la hacienda para fugarse. Prudencia entonces la ayuda a empacar y le dice que no debe temer puesto que a esas horas tanto Mariela como Evaristo ya se encuentran durmiendo.

 

Dinora, Mariela y Antulia se reúnen a jugar canasta, acompañadas por Carmela, quien les sirve bebidas y de vez en cuando contempla como juegan. Antulia pregunta si Isabela y Eugenio se casarán y Dinora y Mariela, nerviosas, le aseguran que así será.

 

Leonel recibe una carta de Isabela que lo cita en las caballerizas de la hacienda a las diez de la noche, para fugarse. No entiende la repentina locura de su amada pero aun así desea seguir con el plan. Se percata de que nadie lo observe y sube a su habitación a preparar su maleta.

 

Cae la noche y a Santa Rosa del Puerto lo azota una fuerte tormenta. Tanto Isabela como Leonel están listos para encontrarse en las caballerizas y huir juntos. Isabela sale de casa con ayuda de Prudencia y se dirige a pie hacia la El Calvario, en donde Eugenio y Haydee preparan una fechoría, pues Haydee se esconde en las caballerizas y Eugenio corta la electricidad de la hacienda, aprovechando que todos descansan en sus habitaciones.

 

Dinora, al irse la luz, le dice a Jerónimo que algo extraño está pasando, pues lo siente en el aire, como si fuera el augurio de algo. Jerónimo le pide que no sea supersticiosa y se duerma.

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No solo los pasos de Isabela van camino a El Calvario, también otros se dirigen a ese lugar, a pie, en medio de la tormenta.

 

Leonel llega a las caballerizas y al no haber luz decide esperar. De pronto se aparece una mujer y el cree que es Isabela. La mujer lo besa apasionadamente, lo desnuda, lo seduce y el corresponde. Ambos fornican sin que ella diga una sola palabra. En ese momento llega Isabela buscando a su amado y los fuertes rayos que provocan la lluvia iluminan la escena de Leonel fornicando con Haydee. Isabela se impacta al darse cuenta de que Leonel solo se ha burlado de ella y sale huyendo de El Calvario, siendo observada por Eugenio, quien se apresura entonces para regresar la electricidad a la hacienda. Isabela corre demasiado rápido tropezándose con alguien en la entrada de la hacienda, sin hacerle caso. Ese alguien deja a las puertas de la entrada una canasta cubierta por una manta y una sombrilla.

 

Al regresar la luz Leonel se da cuenta de que está fornicando con Haydee y le exige que le diga qué hace en las caballerizas. Haydee le asegura que solo deseaba sorprenderlo para recordar viejos momentos que vivieron juntos. Leonel le exige que se marche y la mujer le pregunta si está esperando a alguien. Leonel solo se pregunta en donde se encontrará Isabela.

 

Isabela regresa a casa y llora amargamente en su habitación, empapada. Se siente totalmente traicionada. Llora hasta quedarse dormida mientras que Leonel la espera en las caballerizas de la hacienda hasta el amanecer.

 

Ezequiel y Porfirio entregan a Carmela la canasta que hallaron en las puertas de la hacienda y se sorprende al encontrar dentro de ella una carta… ¡Y un recién nacido! La carta va dirigida a Dinora y Jerónimo, quienes la leen y quedan sorprendidos. El teléfono los interrumpe: Leandra le informa a Dinora que Eduviges ha muerto.

 

Consuelo se siente feliz por la muerte de Eduviges y le jura a Leandra que en cuanto se vaya a El Calvario la correrá. Leandra le asegura a la muchacha que eso jamás sucederá pues Ambas están atadas la una a la otra gracias a Eduviges. Leandra le recuerda a Consuelo que no es nada más que una recogida, aunque ante la gente sea sobrina de Eduviges.

 

Leonel e Isabela piensan el uno en el otro. Leonel cree que a Isabela le ha sucedido algo por lo que acude a verla pero ella se niega a recibirlo en el balcón de su habitación, asegurándole que no lo ama ni desea fugarse con él. Leonel le pide una explicación y ella asegura que lo mejor es que ambos se olviden y hagan sus vidas por separado. Isabela le prohíbe a Prudencia que le diga a Leonel que estuvo en la hacienda.

 

Dinora se pregunta de quién será el recién nacido que han abandonado en la puerta. Jerónimo se muestra muy sorprendido y cree que deberían ayudar a aquél huérfano. Dinora se niega rotundamente pues ahora tienen responsabilidad con Consuelo, quién vivirá con ellos ahora que Eduviges ha muerto. Jerónimo le insiste a Dinora pero ella se niega rotundamente por lo que él se impone y da su última palabra: la criatura se queda con ellos. Jerónimo sale de casa y deja a Dinora a cargo de la criatura, a la que maldice.

 

Eugenio disfruta el hecho de que su plan haya funcionado. Ve salir a su padre de la hacienda, como llegar a Leonel, derrotado, al que le pregunta qué hace fuera con la tormenta que azota a Santa Rosa. Leonel no habla con su hermano y se encierra en su habitación, en donde llora por la decisión de Isabela, quien, a su vez, también llora pensando en el amor que siente por Leonel, el cuál ha preferido estar con Haydee.

 

Es en el entierro de Eduviges donde Leonel e Isabela se vuelven a ver. Él la mira impaciente pero ella lo evita constantemente, cosa que llena de orgullo a Leonel y Haydee, quienes también se sorprenden por la capacidad de Consuelo para llorar amargamente por una pérdida que no siente. Leonel se encuentra con Isabela en un momento tras terminar el entierro. Ella le exige que no la vuelva a buscar. Él desea decirle que todo fue un mal entendido pero Mariela los interrumpe y se lleva a Isabela.

 

Dinora le dice a Consuelo que desde ahora vivirá en la hacienda, como se lo prometió a Eduviges. También le dice a Leandra que no la desamparará y le dará trabajo en el Calvario. Consuelo se niega rotundamente y le pide a su madrina que se deshaga de la sirvienta pero Dinora ha hecho una promesa y la debe cumplir.

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JUNIO 2010 Leandra agradece fervientemente que Dinora cumpla la última voluntad de Eduviges, por lo que de inmediato ella y Consuelo  alistan sus cosas para marcharse a vivir a la hacienda el calvario, donde durante esa noche se ofrece una reunión para brindar por Eduviges y darle también la bienvenida a Consuelo, quien no se le separa a Eugenio ni un solo instante, incomodándolo a veces.

 

Leonel sospecha que la reacción de Isabela no es normal, ni que Haydee lo haya sorprendido justo esa noche en que huiría, por lo que pregunta a Ezequiel si él vio a alguien llegar a la hacienda aquella noche. Ezequiel asegura que pasó l anoche en “La luciérnaga”, pero también recuerda haber visto a Haydee en el auto de Eugenio, precisamente con él.

 

Carmela se encarga de instalar a Leandra en una habitación. Se sorprende por la frialdad de la mujer, quien asegura que será una fiel sierva para la familia Madrigal.

 

Consuelo, instalada en El Calvario, escucha con detalle lo que Eugenio le dice sobre la separación de Isabela y Leonel. Consuelo le cuenta a Eugenio lo feliz que se siente por la muerte de Eduviges. Eugenio solo se pregunta si Isabela será la más hermosa de la fiesta. Consuelo le pide a Eugenio que se olvide de Isabela pues a ella solamente le interesa Leonel. Eugenio abofetea a Consuelo y le exige que jamás vuelva a repetir lo que ha dicho. Se aleja y Consuelo solo le desea que algún día se arrepienta por no amarla a ella. Camina por los corredores y llega a la habitación del bebé que Dinora y Jerónimo han recogido. Se enternece y lo arrulla siendo sorprendida por Jerónimo, quien le pregunta si le gustan los bebés. Ella dice que sí y él la abraza.

 

Una reunión se celebra en El Calvario y Antulia es la primera en asistir a la hacienda para la velada y es recibida por Leandra, a quién no deja de criticar por ser tan fría. Leandra la ignora por completo, extrañando a la curiosa Antulia, quien ya en compañía de Dinora, no deja de decir que se rumora por toda Santa Rosa que Haydee muy pronto se casará con Leonel, cosa que desmiente Jerónimo, quien al aparecer asegura que Leonel solamente se casará con Isabela Durán. A la reunión llegan precisamente los Durán. Isabela cuece radiante, esplendorosa, causando en Leonel un ardor en el corazón que le corre por las venas, pues la ama por sobre todas las cosas. Eugenio se da cuenta de ello y a sabiendas de que la muchacha está molesta con su hermano, él aprovecha para ser cortés con ella. Los invitados preguntan tanto a Isabela como a Leonel cuando piensan casarse y ante la incomodidad de los dos, ella anuncia ante todos que se casará con Eugenio si éste aun desea desposarla. Eugenio, sorprendido, goza de felicidad y asegura querer casarse con Isabela, a quien ama profundamente. La besa apasionadamente pero Isabela no parece tan feliz. Consuelo, por su parte, sale corriendo a su habitación y allí llora amargamente. Leandra va detrás de ella y Consuelo solo la trata con insultos y groserías. Leandra le promete que un día se arrepentirá por sus actos y palabras.

 

Eugenio entrega nuevamente el anillo de compromiso a Isabela, sorprendiendo a Leonel, quien al ver semejante acto prefiere salir de la hacienda.  Haydee sale detrás de él y le pide que no se ponga así por un compromiso estúpido. Leonel jalonea a Haydee y le hace saber que él sospecha que ella y Eugenio planearon algo para que él e Isabela no estuviesen juntos. Ella lo acepta descaradamente y le pide que recapacite y se comprometa con ella, pues lo ama de verdad. Leonel se confiesa: él sabe perfectamente que Haydee quiere casarse solo por interés, por ser millonaria y dejar de vivir solo y volver a tener una familia, pero él nunca se casará con ella. Se marcha y deja a Haydee enfurecida, maldiciéndolo y gritándole que, aunque le duela, será Eugenio quien se case con Isabela.

 

Eugenio no se separa un solo instante de Isabela, quien le asegura que podrán casarse lo más pronto posible. Él la besa, apasionado y la toca vulgarmente. Ella le pide que esperen hasta que se casen.

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Jerónimo habla con Evaristo, al que le asegura estar sorprendido por la decisión de Isabela y preocupado por Leonel, quien en verdad la ama. Asegura a su ex administrador que aunque sus hijos se casen, y aunque le haya disculpado los intereses que le debía, no le perdonará la deuda que tiene con él hasta no obtener las tierras cercanas al río. Evaristo decide que hagan negocios: Si Jerónimo le perdona la deuda, Evaristo le entrega la mitad de esas tierras que tanto desea y ya estando a mitades, todos quedan felices y contentos. Jerónimo se alegra por saber que está muy cerca de salirse con la suya.

 

Dinora les cuenta a Antulia y Mariela sobre la llegada de un recién nacido a la casa, al cuál no desea, pues teme que ese infeliz sea hijo ilegítimo de Jerónimo. Las mujeres se alarman pero Mariela cree que si Jerónimo ha impuesto que la criatura se quede, lo más sano es dejar al crío a cargo de algún sirviente. Antulia cree que Consuelo puede ser la indicada, pues finalmente vivirá de arrimada y no puede darse el lujo de vivir como una princesa sabiendo perfectamente lo que es: ¡una arrimada!

 

Leonel se emborracha en La luciérnaga, donde es atendido por La faraona, quien lo reconoce. Leonel le cuenta sus penas y todo lo que se vive en El Calvario, cosa que no extraña a la cabaretera, la cuál le recomienda que luche por el amor de la mujer que ama y que, si se da por vencido, entonces afronte la consecuencia de su error como un verdadero hombre y que no sea igual a su padre. Leonel se molesta con el comentario y le pregunta a la mujer qué es lo que ella sabe sobre su padre. La faraona le asegura que sabe muchas cosas que no le pude decir, y le pide que se marche y no vuelva más por el cabaret.

 

En casa, Evaristo felicita a Isabela por su decisión de casarse con Eugenio, asegurándole ser el hombre más feliz. Al marcharse su padre, Isabela llora ante Mariela y le asegura amar a Leonel en realidad, mas estar dispuesta a hacer un sacrificio por su padre y por ella misma, pues está segura de que Leonel y Eugenio no son tan diferentes. Mariela le pide a su hija que piense bien las cosas pues la decisión que ha tomado cambiará su vida para siempre mas Isabela cree que Eugenio, al casarse, cambiará y la respetará, pues en el fondo está muy enamorado de ella.

 

Carmela arrulla a su nieto y la criatura que ha llegado a casa. Leandra la interrumpe y le pide que la deje cargar a ese recién nacido. Ambas mujeres lo contemplan.  Dinora las interrumpe y le asegura que no desea tener en casa a ese bastardo pues sospecha que es hijo de Jerónimo. Tanto Carmela como Leandra se ofrecen para hacerse cargo de esa criatura, pues Carmela, aunque tiene a su nieto, también podría hacerse cargo de otro niño. Jerónimo entra y asegura que ese niño crecerá en El Calvario y que él ya ha decidido cuál será su destino.

 

Haydee llora amargamente en su soledad y maldice a Isabela por poseer el amor del hombre al que ella ama. Asegura sentirse sola y rendida pues todo lo que ha hecho para conseguir el amor de Leonel le ha salido mal. Eugenio la visita y ella le dice que desea marcharse para siempre de Santa Rosa. Él le pide que no lo haga, pues cuando se case con Isabela tendrá todo el camino libre para reconquistar a Leonel.

 

Leonel acude al balcón de Isabela, quien duerme tranquila. Ella despierta y él le pide que no se case con Eugenio, pues él la ama verdaderamente. Ella asegura que ese matrimonio será lo mejor para todos, por lo que no cambiará de opinión. Leonel le pide que recapacite pues todo se trata de una trampa de Haydee mas ella no le cree y le pide que se marche y no se le vuelva a acercar jamás. Al comprender bien la decisión de la muchacha, Leonel se marcha, deseándole que sea muy feliz y prometiéndole que él siempre la va a amar y la va a estar esperando.

 

Al paso de unas semanas la hacienda El Calvario está de fiesta pues se celebrará la boda entre Eugenio e Isabela, a los cuales casará el padre Cayetano, íntimo amigo de Antulia, quien no deja de mostrar su entusiasmo al momento de socorrer al sacerdote, a quien, al igual que a ella, le gusta la bebida.

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Leonel se niega a asistir a la ceremonia religiosa a pesar de que Haydee y Carmela se lo piden, pues la boda le afecta demasiado.

 

Consuelo sufre por el casamiento de Eugenio y se desquita insultando a Leandra, quien le pide que se deje de berrinches. La muchacha abofetea a la mujer asegurando odiarla terriblemente. Leandra entonces le hace saber que una recogida insignificante como ella jamás se casará con alguien importante como Eugenio y que nadie la amará… pues ni siquiera su padre la quiso. Las palabras de la mujer hieren a Consuelo, quien la vuelve a abofetear, esta vez siendo descubiertas por Carmela, quien le exige a la muchacha que se contenga o de lo contrario le dirá a su padrino Jerónimo acerca de su mezquino comportamiento.

 

Eugenio e Isabela se juran amor para siempre en el altar de la capilla de la hacienda. Eugenio es el hombre más feliz del mundo. Isabela solo piensa en Leonel y en el daño que le causa a éste, pero se siente satisfecha casándose, asegurándose a si misma que su vida cambiará y Leonel muy pronto saldrá de su corazón.

 

En la fiesta, Dinora y Jerónimo conviven con sus amigos y con Consuelo, quien no deja de decir comentarios ofensivos contra Isabela. Jerónimo le asegura a la muchacha que le buscará algo en lo que se entretenga para que deje de pensar y decir estupideces. Leonel se integra a la mesa, sorprendiendo a Dinora, quien se muestra molesta por la presencia del muchacho, sin embargo Jerónimo se siente tranquilo por tener a su hijo con él. Le recuerda que es idéntico a su madre, causando molesta en Dinora, quien le recuerda a Jerónimo que la madre de Leonel está muerta. El muchacho decide marcharse de la mesa y entonces Jerónimo le jura a su esposa que si insiste en hacerle la vida imposible a su hijo, lo lamentará.

 

Isabela encuentra un momento para estar sola en un jardín de la hacienda, alejada de la fiesta. Es sorprendida por Leonel, quien le recuerda que la ama profundamente y que no amará a nadie más que a ella. Le dice que lo que vio en las caballerizas fue una trampa. Ella no le cree al principio y cuando él está a punto de decirle que Eugenio tuvo que ver, éste los interrumpe y le exige a Isabela que se aleje de Leonel, pues ahora es su esposa y debe alejarse de su hermano. Isabela se marcha con Eugenio, quien no deja de mirar a Leonel con desprecio. Por su parte, Leonel se siente arruinado. Es interrumpido por Leandra, quien le dice que ella conoció a su madre, la cuál estaría muy orgullosa de él. Leonel se impresiona ante tal noticia pues lo que Dinora le dijo hace tiempo era verdad ¡él no es su hijo! Leonel pide a la mujer que le cuente la verdad y se desahoga, asegurando sentirse solo y necesitar a su madre pues Dinora siempre lo ha rechazado. Leandra lo consuela y le aconseja que sea fuerte, pues quizás la felicidad llegará a él sorpresivamente. Consuelo interrumpe y le dice a Leonel que, si va a la ciudad de México, quizás allá podrá ver a Isabela. Leonel asegura que Isabela vivirá ahora en El Calvario pero Consuelo le abre los ojos: Eugenio se llevará a Isabela lejos, donde ni ella ni Leonel se puedan volver a ver. Leonel sale del lugar y Consuelo goza, asegurando que Eugenio se las pagará por haberse casado con Isabela. Leandra se dirige a la muchacha, recordándole una y otra vez que es mala, tan perversa… como sus orígenes. Se marcha, dejando a la jovencita confundida.

 

Leonel le dice a jerónimo que Eugenio se llevará lejos a Isabela. Jerónimo asegura que así será pues se irán de luna de miel. Leonel le dice a su padre que no es así y que se irán para siempre por lo que Jerónimo le exige a su hijo que se calme y se marche a su habitación en vez de decir incoherencias. Leonel se marcha a las caballerizas y llora amargamente pues ha perdido para siempre a la mujer que ama. Ezequiel, quien molestaba a una de las empleadas, lo mira desde lejos.

 

Isabela se niega a entregarse a Eugenio, argumentando que se siente mal. Eugenio se atreve si preguntarle si ella se entregaría a él si fuese Leonel. Isabela le pide a su ahora esposo que se tranquilice y la entienda, pues está cansada. Eugenio sale de su habitación y camina por la enorme casa, topándose con Leonel, al que culpa de todos sus desfortunios. Jerónimo encuentra a sus hijos discutiendo y los interrumpe. Tras hablarles, Leonel le dice a su padre que regresará al extranjero, pues vivir en El Calvario le hace mal. Jerónimo le hace ver a su hijo que le hace mucha falta en la hacienda, mas Leonel ha tomado la decisión y se marchará solo por un tiempo.

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JULIO 2010 Una nueva vida en El Calvario empieza para Isabela. Mariela, su madre, la visita. Isabela confiesa seguir enamorada de Leonel. Eugenio las escucha accidentalmente sin que ellas se den cuenta. Maldice a su hermano y se alegra de que se vaya a ir para siempre.

 

Dinora le hace saber a Jerónimo que la presencia de Leonel en la hacienda la incomoda pues está enamorado de Isabela, la cuál es esposa de Eugenio, su hijo. Jerónimo le pide a Dinora que no se preocupe por nada pues Leonel regresará al extranjero. Dinora se alegra por ello.

 

Evaristo se encuentra en casa, enojado, molesto. No se acostumbra a hacer vida en su casa ahora que Jerónimo lo ha despedido para que Eugenio sea el administrador de El Calvario. Mariela le pide que tenga paciencia, pues puede ayudar a Eugenio en algunas cosas y, a demás, ambos pueden viajar ahora que él dispone de mucho tiempo libre. Evaristo se niega y está seguro de que Eugenio no dará el ancho como administrador por lo que tarde o temprano Jerónimo lo buscará, mas él se negará a volver.

 

Isabela se topa nuevamente con Leonel, quien le dice que se irá definitivamente de la hacienda para que ella pueda ser feliz. Isabela le desea lo mejor y llora al verlo marcharse en una de las camionetas, con Ezequiel, quién lo llevará hasta el aeropuerto más cercano. Eugenio aparece para desearle que le vaya muy mal y recalcarle que al final él triunfó pues se casó con Isabela. Leonel decide marcharse no sin antes decirle a Eugenio que regresará en un tiempo y que para entonces Isabela y ya se habrá aburrido de él, por lo que se la quitará, ya que ella, a quien verdaderamente ama, es a él. Eugenio se enfurece se marcha a su habitación, donde sorprende su esposa mirando a Leonel a través de una ventana. Le pregunta si sería capaz de dejarlo por irse con Leonel. Isabela le responde que es mejor que no haga ese tipo de preguntas, si él bien sabe la respuesta. Eugenio se burla de ella pues Leonel se ha ido y no podrá verlo nunca  más. Isabela sabe que no es para siempre y le confiesa a Eugenio que aunque Leonel se hubiera ido al fin del  mundo, ella lo esperará pues a pesar de todo lo ama y lo amará por siempre. Eugenio la abofetea, acusándola de ser una cualquiera y le promete que nunca más volverá a ver a Leonel.

 

En el aeropuerto Leonel se pasea pensando en las palabras de Isabela, las cuales lo atormentan. Sufre demasiado por el casamiento de ella con Eugenio. Decide que no es tarde para recuperarla y arrebatársela a su hermano por lo que decide perder el vuelo y regresar a la hacienda.

 

Jerónimo habla con Porfirio sobre el rumbo que tomará la hacienda de ahora en adelante con Eugenio como administrador. Porfirio confiesa que Leonel hubiese sido un mejor elemento pues los trabajadores le tienen cariño, sin embargo a Eugenio no, por ser arrogante y hasta grosero. Jerónimo confía en que su hijo cambiará. Eugenio aparece en ese momento y le dice a su padre que se irá. ¡Sí! Regresará a la ciudad de México y se llevará a su esposa. Jerónimo se lo prohíbe pues ahora es el nuevo administrador de El Calvario. Es entonces que Eugenio confiesa que por ningún motivo se quedaría en El Calvario, entre reces, peones y demás especies malolientes a las que tanto detesta y que su vida la hará lejos de todos, donde no los vuelva a ver jamás. Jerónimo sufre un ataque por la supresa pero eso no le importa a Eugenio, quien reprocha a su padre tener como favorito a Leonel, así que entonces quizás sea Leonel quien se haga cargo de la hacienda. Eugenio se marcha de allí y toma a su mujer, a la que le dice que se irán de El Calvario definitivamente, sorprendiendo tanto a Dinora como a Carmela, quienes se sorprenden más cuando Porfirio les dice que Jerónimo se encuentra muy mal por el disgusto que Eugenio le ha causado.

 

Consuelo se alarma cuando Leandra, en tono burlón, le dice que Eugenio se ha marchado de la hacienda con su esposa, y que se ha ido para nunca más regresar, por lo que jamás en la vida lo volverá a ver.

 

Isabela trata de escapar del auto pero Eugenio no la deja, asegurándole que ahora sí será nada más de él. Isabela llora y le suplica que no se la lleve lejos de su familia pero Eugenio está más que decidido. Llegan a la ciudad y él le muestra el apartamento donde vivirán. Ella insiste en que  se quiere ir y le asegura que no lo ama. Él le responde que ya es demasiado tarde para arrepentirse y tras no poder seguir controlándola, la golpea.

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Consuelo llora amargamente junto a Dinora la partida de Eugenio, pues no saben cuando regresará. Carmela las consuela y les pide que solo le den tiempo. Dinora culpa a Leonel de lo que sucede, pues los celos hicieron que Eugenio se desesperara. Carmela le cuenta a Dinora sobre el engaño de Eugenio a su padre pues siempre tuvo la intención de irse definitivamente de Santa Rosa del Puerto. También le pide que deje de culpar a Leonel por algo de lo que no es culpable y le recuerda que el muchacho no tiene la culpa de haber sido el primogénito de Jerónimo, ni de ser mejor hijo que Eugenio.

 

Isabela llora amargamente en su soledad. Eugenio la ha hecho su mujer por la fuerza y no tiene a donde ni a quien acudir. Se mira en un espejo detenidamente. Se culpa a si misma de todo lo que le sucede por no haber creído en Leonel. Eugenio le exige que le haga de desayunar de manera grotesca, como si ella fuese su empleada. Isabela, llena de golpes, heridas, y con el alma destrozada, se doblega y le informa que en seguida le hará el desayuno. Se dirige a la cocina llorando y allí comienza a hacer un jugo de naranja.

 
 
 
¿Conseguirán Isabela y Leonel reencontrarse?
¿Hasta donde llegarán los celos de Eugenio?
¿Qué rumbo tomarán las vidas de todos?
 
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No te pierdas, el próximo mes,
una nueva entrega de esta cybernovela que te robará el corazón.
 
 
 

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CABARET ¡OH..! ¡TARSIS! DR. MMX
DR. Omar Tarsis Berzeg
R. 1995  P. 2010
 
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